Joyas rotas
Una última historia y no molesto más. Esta vez no voy a hablar del pasado,sino del presente.
En estos días y después de un día de negación y otro de llorar como regadera llegué a la conclusión de que arruiné una amistad (y no me refiero a mi ex-compañera de la uni, nosotras nunca fuimos amigas) sino a una amiga que había conocido gracias al fediverso.
No menciono nombre porque no tengo permiso y tampoco ayudaría a nada.
Cómo dije antes no soy una buena persona y la he lastimado. Seguí en contacto con gente mala a sabiendas de que son mala gente y ella estará mejor sin mi. Incluso dudo que lea esto.
No quería lastimarla y quería ser una amiga digna pero obviamente no lo fui. Y aunque quiera pedir disculpas no voy a cambiar lo sucedido: le fallé.
No soy buena arreglando amistades. De hecho, no he arreglado ninguna,y sí he roto con mis acciones o con mi silencio, más de una.
El kintsugi es un arte que sólo funciona con objetos. Aunque San Agustín hiciera poemas a la amistad rota, no se hace más bella, ni más fuerte al romperse.
Y fue mi culpa,es algo que debo recordar. No es que haya aprendido de las veces anteriores, está claro que soy mejor lastimando a la gente que ayudando.
Lo cursi es falso,y yo claramente no soy una joya, pero toda amistad rota siempre se siente como algo invaluable perdido.
No me voy a ninguna parte,porque soy demasiado cobarde para hacerlo. Mañana volveré, daré los buenos días, y me preguntaré a quien más voy a decepcionar...